El 1ro de septiembre entró en vigor un paquete de medidas para contener el alza de casos de COVID-19 en la capital cubana.
Foto: Mónica Rivero

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Cuando tuve listo el primer borrador final de este texto, La Habana tenía el 15 de septiembre como fecha programada para una reapertura gradual. Cuando se acercaba el día, supimos que la nueva fase de cierre estricto en que estamos llegaría al día 30; aunque hay tanta garantía de que no se retrase nuevamente como antes hubo de que “la normalidad” comenzaría a volver a mitad de mes. Y ya vimos cómo fue.

Estas semanas han sido otra síntesis del año 2020: un calendario fluido donde abril se mezcló con mayo, este con junio y de pronto, aún en septiembre, diciembre ya no es tan lejano. El virus y sus repuntes nos han impedido hacer cualquier pronóstico de recuperación con un mínimo de acierto, aun cuando la capital cubana había llegado a tener menos de diez nuevos casos por día. De pronto, los números comenzaron a ser de dos dígitos.*

El 1ro de septiembre entró en vigor un paquete de medidas para contener el alza de casos de COVID-19 en la capital cubana. Por primera vez desde que la pandemia llegó a la isla, se decretó —sin nombrarlo— un toque de queda. Entre las 7 de la noche y las 5 de la mañana nadie puede circular, ni a pie ni en carro, aunque las calles se ven más llenas que meses atrás.

Estos días se hizo frecuente un chiste a quienes la cercanía con la hora prohibida los sorprendiera en la calle: “apura, que el carruaje vuelve a ser calabaza”. Ciudadanos-Cenicienta, con deadline diario. Calle, 7pm: Game over. En las noches cuando saco a mi perra a orinar, me siento un poco fugitiva. Se prohibió también la salida y entrada a la provincia. Quienes tenían reservaciones para hacer turismo en otras provincias, recibieron reembolsos. Algunos esperan poder vacacionar en octubre.

Estos días se hizo frecuente un chiste a quienes la cercanía con la hora prohibida los sorprendiera en la calle: “apura, que el carruaje vuelve a ser calabaza”.

El Consejo de Ministros aprobó el decreto 14 de 2020 para otorgar facultades al Gobernador de La Habana para imponer multas de 2000 y 3000 pesos a quienes violen las medidas. Solo la primera semana se habían aplicado más de 1700 multas.

Desde hace dos semanas las tiendas cierran a las 4 de la tarde; aunque se puede llegar a las 3:30 y no conseguir entrar porque se acerca el horario de cierre y esto es razón suficiente para que algún portero o encargado afirme que quien dice 3:30 dice 4. También es posible que la cola no camine lo suficientemente rápido para llegar a tiempo, sin importar cuántas horas se haya esperado, y vaya si pueden ser muchas. La recomendación popular es asegurar un turno de madrugada; aunque ya no está permitido madrugar como antes del nuevo cierre. Quienes directamente pernoctaban cerca de la entrada de una tienda para asegurarse la entrada temprana y alcanzar algo, ahora tienen prohibido estar en la calle antes de las 5 de la mañana. 

El hecho de que el toque de queda llegue hasta las 5am fue otra estocada contra los “coleros”, que acampaban a una distancia prudencial de los mercados, estratégicamente posicionados para cazar su turno. Los coleros”, los “revendedores” y los “acaparadores” son, junto a los “irresponsables”, los cuatro jinetes del Apocalipsis. Contra ellos arremeten los funcionarios del gobierno en las reuniones que tienen a diario, y de las que la televisión nacional transmite fragmentos donde puede conocerse su furia.

El 1ro de septiembre, mientras niños de toda Cuba se vestían de uniforme por primera vez después de seis meses, los de La Habana permanecieron en sus casas.

Se detuvo el transporte público dentro de la ciudad, y entre provincias se suspendió en todo el país porque los casos de coronavirus han aumentado también fuera de La Habana. Los primeros días de septiembre desaparecieron los suministros de frutas, granos y vegetales en la capital, normalmente provenientes de Artemisa, Matanzas, Mayabeque y otras provincias. El gobierno de La Habana ha insistido en que se trató de “un malentendido con los proveedores” y que los productores podrían continuar trayendo sus mercancías. Más que una aclaración, pareció que imploraban. No en vano: ni siquiera los mercados que en la ciudad son famosos por sus precios y su oferta han escapado a la estampa fantasmagórica de tarimas y anaqueles vacíos. Maní y condimentos fue lo único que encontré en uno de ellos a principios de mes.

Que no estaba permitida la entrada de camiones con alimentos para abastecer los mercados de la ciudad no fue el único “malentendido”. Una semana después del anuncio de las medidas, las autoridades debieron aclarar que tampoco existía “ninguna prohibición para que personas con discapacidad física, mayores de 65 años y embarazadas (accedieran) a las tiendas y (circularan) en las calles de 5:00 a.m. a 7:00 p.m”.

Foto: Mónica Rivero

El 1ro de septiembre, mientras niños de toda Cuba se vestían de uniforme por primera vez después de seis meses, los de La Habana permanecieron en sus casas. Hubo memes donde los habaneros nos consolábamos con poder dormir la mañana. Sería consuelo si la mañana siguiera siendo la mañana; pero el día también se parece al calendario 2020, y ya no hay tanta diferencia si es mañana, noche, lunes, sábado o qué. En más de una escuela o municipio fuera de la capital, lamentablemente debieron suspender sus actividades presenciales por algún brote del virus.

Miles de niños siguen sus clases por televisión, y se comunican con sus profesores por teléfono, o por redes sociales y otras plataformas digitales quienes tienen acceso a internet, que no son mayoría. El gobierno orientó también “fortalecer el teletrabajo y el trabajo a distancia”, aunque con la limitada penetración de internet en Cuba, no está claro cuál es la capacidad real de teletrabajar con eficiencia. Quienes tienen hijos además, deben hacerlo a la par de atender su educación y cuidarlos siete días a la semana. Tengo un amigo que no sabe cómo enseñar a leer a su hijo.

Se han estado aislando las áreas donde se detectan casos, y esta vez me tocó cerca. Al doblar de mi casa cerraron una cuadra. La leyenda del barrio contaba que había un extranjero alquilado, supuesto portador original del virus, que se había dado a la fuga; que eran tres los casos confirmados, uno de ellos menor de edad; que la señora que vende cloro había muerto. La información se fugaba por debajo de la cinta amarilla hasta la cuadra que dobla, y de ahí cruzaba la calle a la propia manzana para seguir su expansión. Finalmente la señora del cloro vive. Y está estable. Ojalá pueda seguir vendiendo, especialmente ahora que debe tener más mercado que nunca.

* Hasta el martes 22 de septiembre Cuba ha reportado 5270 casos de COVID 19 y 118 fallecidos por la enfermedad.

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